>

20 febrero, 2007

El poder de la soledad

Niña adolescente, vos que me pediste el celular y yo en vez del número te ofrecí el aparato: si no hubieses estado rodeada de tus amigas y amigos (), ¿me lo hubieses pedido?

Es muy fuerte el sentimiento de la colectividad, de la sociedad. De a dos o más todo es mucho más fácil y más copado. El hecho de sentirnos solos nos acobarda y debilita, aunque es sabido que el sentimiento no siempre está acompañado por la realidad. De hecho hace un tiempo postulé -si se puede- y desié -doble si se puede- que no existe la verdadera soledad. Todavía conozco gente así, pero recuerdo cuando niños la fuerza de la companía llevaba a la crueldad de la humillación y en presencia de la soledad el mismo niño era Winnie Pooh. Quienes humillan no se dan cuenta que se autohumillan.

En complemento previo recibí la típica nota del vecino del lugar donde recién te mudás pidiendo que hagás menos quilombo. Fantasmal. Los últimos consejos, después de sus infinitas aclaraciones sobre que él no se quería llevar mal con nadie, trataban sobre cómo debía actuar en las reuniones con mis amigos explicándoles que si ponían la música fuerte o gritaban el que iba a tener problemas era yo.

La convivencia es el punto clave de la colectividad, y es el problema y la solución. Me gusta el término: vivencias conjuntas, relación entre dos o más vidas. Hasta en su significado es antagónico: la vida sigue siendo individual aunque se sientan otros protagonistas o participantes.

En una de las conversaciones de ascensor también, una señora de unos 60 años que cargaba un vestido azul muy parecido a una cortina de baño por debajo del cual se notaba la ausencia de un sostén oró hay que saber convivir, como si eso significase algo. Al compás de esa máxima siguió contando cómo sus vecinas, unas chicas universitarias que pecaban de juntarse con sus amigas los fines de semana a tomar cerveza (también llevaban chicos), irrumpían su tranquila y aburrida vida. Si parte de nuestros impuestos de destinase a pagarles sexo a esas señoras (y ahora que lo pienso mejor a todo el que lo necesite en definitiva, ¡a mi también!) todo en el mundo estaría tanto mejor...

Así que acá estoy, en un lugar donde puedo y estoy escuchando el disco que les voy a regalar a los inadaptados que todavía no lo tienen. Es muy ruidoso, para llenar de bardo donde sea que puedan. Y si no podés en ningún lado un iPod o símil paraguayo que alcance para volarte los oídos. Eso o torturá a tu compañero de trabajo. El disco es de My Bloody Valentine, se llama Loveless y es por algunos (¿cuántos?) considerado el mejor disco de los '90. Lo que es seguro es que inspiró el disco Dynamo de Soda Stereo. Si quieren un género de música inexistente es el que creó la primera y reprodujo la segunda: Shoegazer. Es que lo más notable del disco son las distorsiones que aplican sobre todos los instrumentos, y el término deriva de gaze, pasar mucho tiempo pensando en vos y tus problemas, y shoe, zapato, porque al parecer para cambiar las distorsiones miraban mucho al piso y porque tenían muchos problemas y pensaban mucho en ellos.

A tod@s, aprovechen su soledad para masturbarse, que cuando no está después se extraña.

2 comentarios:

  1. Estimado, lo leía cada tanto porque había en su blog alguna que otra idea, pero cada vez lo encuentro más críptico, y ahora además... chauvinista. Pagarles sexo a mujeres mayores? Vamos, un poco de altura y menos lugares comunes.
    Saludos.
    E!

    ResponderEliminar
  2. Duro el comentario...

    Puede ser que haya estado utilizando algunos argumentos ad hominem... bueno, que va a hacer...

    ResponderEliminar

Dale, batí la justa (o la injusta):