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28 enero, 2009

Cocaína cocaína, ya me vine de Bolivia

Oruro


Isla del Sol - Lago Titicaca

Salar de Uyuni

Bolivia es un país de desauciados. Los más severos castigos del capitalismo liberalista cayeron sobre esta nación una y otra vez. Todos ellos se reflejan en cicatrices subterráneas debajo de las montañas, corporales dentro de sus pulmones y órganos, y actitudinales en el espíritu.
Su paisaje, natural por naturaleza, está seguramente entre los más imponentes del mundo. Poseen el desierto saborizado más extenso, con unos 40.000 km2 de superficie y un horizonte blanco tan salado como puedan imaginarse; una isla vírgen hija del Dios más venerado, de playas paradisíacas en un lago que más que lago debería llamarse manantial; y si consideramos al hombre dentro de la naturaleza también las ciudades con sus hogares sobre los relieves de la tierra continúan esta secuencia de bellezas.
El verano pasado conocí a un gran simple boliviano que mientras respiraba el aire montañés me contaba sus pensamientos sobre las personalidades de mi país de origen y el suyo, estos dos queridos vecinos. Me decía que le parecía que el argentino era más emprendedor, pero que el boliviano era más honesto. Otro me relataba, mientras comíamos salchipapas en las cayes de Uyuni, cómo estaba compuesta su familia descendiente y cómo se abrigaban en las noches de frío. Grandes cambios parecen haberse dado en el último año, pues esta gente debe estar escondida tras cortinas invisibles.
La cultura del altiplano boliviano, la región más cercana a los andes, se caracteriza por su infinita paciencia, consecuencia de la aún más infinita sumisión. Seguramente acentuada por la coyuntura política su cultura se ha tornado hacia un racismo inverso al tradicional. Los extranjeros, excepto tal vez el pueblo africano, somos tratados como gringos (que somos), diferenciados en cada descripción, discriminados, y cobrados (valuados) en cada paso que damos como los turistas que somos.
Otras características son las grandes faltas que cometen en los ámbitos más logísticos, 100% operativos. Una de ellas es la de creatividad ingenieril, paradójico considerando sus ascendentes indígenas. De ella en particular considero algunas derivadas tales como la de higiene, cuya presencia es mínima en los poblados de la región, incluso en los centros turísticos donde se recibe a la visita.
La fusión de todas estas descripciones desemboca en una perfección agridulce que se abre sólo a los paladares adecuados. A mi me resultó amarga.

6 comentarios:

  1. calláte vieja..

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  2. buenas buenas...
    sólo pasaba a decirte que gracias por ser un "seguidor" (el único! jajaj) sinceramente ni sabía que existía eso... andaba perdida... i know...
    buena vibra!

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  3. jajaj sí, aflojale porque si no te vas a perder...
    en la calle, la vida es otra. beso!

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  4. che, me podés aclarar el comentario que me hiciste de dorrego y de fumar...porque yo ni fumo ni voy a dorrego y la verdá es que no sé bien cómo entenderlo-

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  5. que lindas fotos guille!! estoy leyendo todos tus post, me encantan :)

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  6. gracias por la descripcion, en poco tiempo viajo para allá y me será útil

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